El Mal más horrendo, y el peor de los pecados

Ya que estamos indagando en las profundidades del Mal Cósmico, resulta conveniente conocer cuáles son estos extremos para aquellos  que han transitado el Camino antes que nosotros.

Las palabras que los definen son separatividad y acidia.

El peor de los males es la separatividad, pauta cultural establecida por la civilización más profundamente materialista de la historia humana. Los “faros de luz” de esta cultura son las iglesias y las academias. Para las iglesias los hombres somos soretes pecadores irredimibles, y para las academias los hombres somos cachos de carne organizados por el azar darwiniano, cachos intercambiables entre un individuo y otro, además. Esto ha generado una separación entre la conciencia de cada hombre y su divinidad inmanente. Y entonces ahí vamos por la vida, tratando de completarnos con algo o con alguien afuera, dependiendo, acumulando para cuando falte, ignorando que somos uipidiles. Y así vivimos como esclavos de un consumismo desaforado, de algún ideólogo o gurú de moda, acorazados o con bombachas de lata, impedidos de irradiar desde nuestra fuente inagotable de amor, tomados ineluctablemente por el miedo o por la bronca (que no es más que otro nombre del miedo), reprimiendo deseos que son legítimos, eligiendo el dolor al placer de la vida plena, temerosos de la muerte cuando en realidad somos inmortales, dependiendo, luchando al pedo cuando podríamos especializarnos en amar a todo lo que existe, ratificando a cada paso que somos sufrientes pedidores por ignorancia y pelotudez, traicionando nuestra real naturaleza divina. Un verdadero desastre. ¡Qué desperdicio de uipidiles! El verdadero rostro del mal está constituido precisamente por la ignorancia del diseño divino de cada ser humano, y la pelotudez, que consiste en la repetición de creencias y actitudes realmente obsoletas, comprobadamente nefastas, y la reiterada práctica de relaciones chotas, ya denunciadas por Cristo hace ¡más de 2000 años!. Esta separación entre cada persona y su Alma es responsabilidad del materialismo vigente, concebido por los teólogos que no entendieron a Cristo, por los budistas que no entendieron a Buda, y por los científicos que aún no entendieron a Einstein,  y que son propalados, ensalzados y difundidos por los medios de comunicación con el fin de sostener nuestra condición cultural de esclavos.

La teoría científica del Alma, enunciada por Pribram en 1975, dice: “Si es verdad lo que dijo Einstein en 1905, que Todo es Energía (y es verdad porque lo probó en 1945 con la bomba atómica), entonces, cada ser humano puede ser considerado desde el punto de vista científico, como un holograma viviente de todas las Energías Inteligentes del Universo. Si Dios existe en el Universo como Suprema Energía Inteligente, también está en nosotros”. Este concepto de Dios Inmanente se complementa perfectamente con el concepto de Dios externo o trascendente. Y es perfectamente científico y comprensible.

Este concepto de Alma o de un núcleo humano divino, permite comprender el enfoque de que el Alma individual es el Maestro Interno, y la afirmación de que “Ningún hombre está diseñado para depender de ningún otro hombre” (genialidad conceptual del Baghavad Gita), que puede expresarse como “todo hombre está diseñado para no reconocer a ninguna otra autoridad más que la de la propia Alma”.

De estos conceptos surge el peor de los pecados que podemos cometer, denominado el pecado de acidia, que consiste en saber lo que es bueno, y no hacerlo. Y lo que es peor, obligarnos a hacer algo que no nos gusta de corazón.

Estas traiciones cotidianas a nuestro núcleo sabio inmanente se pagan con la enfermedad  y la muerte. “Toda enfermedad es el resultado de la inhibición de la manifestación de las Energías del Alma” (Primera Ley de la Curación).

Habiendo conocido (y ratificado por la propia experiencia) en qué consiste el más horrendo de los males y el peor pecado, podemos, de a poco, en la medida de las posibilidades de cada uno, elegir una vida menos sufriente y más alegre. Gratis y sin mover demasiado el culo de la silla. Porque todo está al alcance y disponible. “Dios está más cerca de ti que tus manos y tus pies”, desde el momento del nacimiento hasta la muerte. Sólo hay que generar un poco más de endorfinas que de adrenalina. Cada día un poquito más…

Dejar de buscar afuera es una actitud revolucionaria, indetenible e inofensiva que conduce a la autonomía y a la felicidad, y que se denomina la Exploración del Espacio Interior, única zona inexplorada del planeta, totalmente virgen para algunos, y que constituye una aventura apasionante, más que la más tremenda aventura de piratas en 3D…

Algunos datos útiles: eliminar la ignorancia es posible si uno estudia (y comprende un 10%) los 50 libros de la Sabiduría Eterna. Eliminar la pelotudez es un poco más difícil. Por eso Einstein decía que “Es mucho más fácil romper un átomo que una creencia”. Persevera y triunfarás.

No se pierda las manifestaciones próximas de la caída de la Civilización Occidental Globalizada Materialista, y el surgimiento inexorable de la Nueva Civilización del Amor. Está para alquilar balcones y/o palcos. Que están ampliamente disponibles, son abundantes y gratuitos, como las endorfinas.

 

Universidad Nacional del Alma

http://www.sidereh.com.ar/UNA/ARTICULOS%20BLOG.htm