La segunda polaridad de la resurrección:

 Igualdad – Desigualdad, Desamparo

La trascendencia:

Liderazgos sociales que respeten el principio del mayor bien para el mayor número de personas

 

Del tríptico inaugurado por la Revolución Francesa, LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD, desgranaremos algunos conceptos que podrán ayudarnos a comprender ciertos aspectos de la resurrección de la humanidad desde la fría tumba del materialismo más feroz.

 

La dificultad principal que genera oleadas de incomprensión reside en una Ley de la Vida poco conocida llamada de UNIDAD EN LA DIVERSIDAD, que significa ni más ni menos que todos somos iguales, y que también somos todos distintos. Esta aparente paradoja no es tal. El diseño de todos y cada uno de los seres humanos nacidos en la Tierra es tan complejo y tan bello, que fue necesario inventar una palabra nueva para describirlo: uipidil. Todos somos individuos únicos e irrepetibles, poderosos, inmortales, divinamente inteligentes y libres. Pero cada uno funcionando en su propio y distinto nivel de funcionamiento, o de conciencia. Hay personas que saben y pueden, y existen personas que son más dependientes. Todos con el mismo potencial en la esencia, pero con diferentes capacidades de manifestación de ese potencial. Todos con la posibilidad de ser un mago blanco y de vencer a la muerte. Todos y cada uno como lo más valioso de la Creación.

 

De allí surge el mandato escrito en el Nuevo Testamento, de “Dar de comer al hambriento, y de beber al sediento”. En otras palabras, los que saben y pueden tienen el deber filial de cuidar y ocuparse de los que todavía no saben ni pueden. Una civilización basada en el paradigma de la acumulación irrestricta de más poder  y de más dinero se sitúa como un estorbo para el proceso evolutivo. Por eso está muriendo. Porque esta cultura  ha producido más muertes inocentes que la suma de todas las guerras. Los seres humanos divinos que han muerto de hambre, de frío, de desamparo, de falta de cuidado, son innumerables.

 

En esta transición histórica inédita, en la que muere un orden social perverso e inservible, y simultáneamente nace una nueva civilización del Amor, impulsada por el ideal del Undécimo Mandamiento “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, es necesario tener claridad para reconocer entre tanta desinformación que producen los medios, la clave política de los que están trabajando para el afianzamiento de lo nuevo: gobernar respetando el principio del mayor bien para el mayor número de personas.

 

Para renacer o resucitar, es necesario que muera lo viejo, cristalizado e inservible. Sólo muere lo que no sirve. Es lo que ocurrió en Argentina en 2001, y hoy está sucediendo en Grecia, España, Europa y EE UU. Sólo mueren las formas sociales inservibles. Pero como las Almas de las naciones son inmortales, se genera así la liberación de los ciudadanos desamparados y oprimidos para que puedan crear un nuevo orden social en sintonía con el proceso evolutivo.

 

En estos tiempos turbulentos, en los que muere lo viejo y surge lo nuevo, resulta adecuado mantenerse alejado de los vórtices de miedo, odio, asco, desamparo, violencia y terror que genera el hundimiento de este fabuloso Titanic social que supimos construir, llamado Civilización Occidental Globalizada, conducido hacia el desastre por una Plutocracia impiadosa y ciega. Podemos aprovechar la oportunidad para renovar en nuestro santuario privado las creencias obsoletas, los sentimientos inicuos, las relaciones horribles y chupópteras, para que también logremos contribuir con nuestra cuota de alegría a esa vida plena y abundante que nos ha sido prometida, y que  ya se vislumbra con gran potencia.

 

www.sidereh.com.ar / Universidad Nacional del Alma