La cuarta polaridad de la resurrección

Integridad – Desintegración, Dependencia, Drogadicción

La trascendencia:

“El diseño humano es para no reconocer a ninguna otra autoridad más que la de la propia Alma”

 

Toda persona que nace en la Tierra es un uipidil, un individuo completo (indiviso, íntegro). Desde el momento preciso del nacimiento, está formado por un Alma inmortal que encarna en un cuerpo biológico de diseño también divino.  Tan supremamente íntegra es la condición humana, que el Maestro es la propia Alma hasta bien avanzado el desarrollo espiritual. Cuando ignoramos o no practicamos este potencial maravilloso, la vida se torna miserable, dependiente, sin alegría, oscurecida por el miedo y el odio. A este estado lo denominamos de sufrimiento inútil, que tiene plena vigencia en nuestra cultura, todavía tomada por un materialismo esclavizante.

 

Ello a pesar de que los individuos más avanzados de nuestra historia (Buda y Cristo), desde hace más de 2500 años, nos dejaron con sus experiencias vitales las claves del diseño humano y del modo de terminar con el sufrimiento. Buda nos demuestra que el diseño es para ser felices aquí en la Tierra, en esta encarnación, no en otra vida o cielo futuro. Continuando la revelación, Cristo nos enseña que, si aprendemos a ser felices, podemos llegar a ser Magos Blancos y finalmente, vencer a la muerte. ¿Por qué, si estas experiencias resultan tan claras para describir y comprender la Realidad, no constituyen hoy el núcleo conceptual de nuestra cultura? Porque los seguidores son los destructores. Tanto los seguidores de Buda como los de Cristo han deformado tanto los mensajes originales, que las claves simples de la Verdad se han perdido en el vórtice del materialismo más denso jamás visto. Como decía María Montessori en 1932: “Nuestra cultura genera esclavos”. Cristo lo sabía, y nos previno: “Sólo la Verdad os hará libres”.

 

La cultura vigente nos ha adiestrado para la dependencia. Estamos habituados a creer que cada uno se completa con algo o con alguien afuera. Y no es ése el diseño de integridad. La Verdad está dentro. El Alma siempre sabe lo que es bueno, bello y verdadero en cada momento, en cada situación y en cada relación que emprendemos. Solamente deberíamos estar muy atentos, y aprender a decir que cuando nos gusta y a decir que no cuando no nos gusta. Sin dramatizar. Pero con convicción. Sabiendo que cada traición se paga con la falta de alegría. Sin embargo, por ignorancia, por distracción, por conveniencia, por miedo, por bronca o por pelotudez, poco a poco vamos perdiendo la inocencia y la alegría de vivir, y lo que es peor, le echamos la culpa al otro de nuestra desdicha. A nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestras parejas, a los gobiernos, a los políticos, al Papa. No nos hacemos cargo de nuestra vida. Esperamos que algo (o todo) cambie afuera, para ser felices. Con lo cual ponemos nuestro poder afuera. Le otorgamos nuestro inconmensurable poder a algo o a alguien afuera. Lo cual es ignorar nuestra integridad individual.

 

La más grande revolución que estamos viviendo consiste en reconocer y trascender esta polaridad, dejar de buscar afuera, dejar de depender, para comenzar a buscar adentro. Se denomina la Exploración del Espacio Interior del hombre. Que viene al galope (ver 54% e Indignados) y posee bases científicas claras y firmes. Meditación, Estudio y Servicio es el método. Único que posibilita, además, evitar el caraculismo, tan visible en los rostros crispados de los odiadores profesionales que observamos en los medios (todavía) hegemónicos. Porque la alegría de vivir es la más clara indicación de que estamos conectados con nuestra Alma.

 

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