AMIGO

 

Jesucristo predijo con éxito, hace ya dos mil años, el resultado de nuestras relaciones: “No habrá peor enemigo para un hombre que los miembros de su propia familia. No he venido a traer la paz, sino la espada. He venido a sembrar la discordia entre la hija y su madre, entre el hijo y su padre, entre la nuera y su suegra”. No se salvó ninguna de nuestras relaciones biológicas y sociales, basadas en la posesión canceriana, los celos y la exclusión. Conciencia de clan, conciencia de rebaño, conciencia de hermandad de sangre o mafia.

 

No comprendimos, sino por las amargas experiencias propias, culminantes en las mafias que nos gobiernan, que nuestra verdadera hermandad es espiritual. Todos somos Hijos Divinos del mismo Padre Divino.

 

Nos dio también la clave para trascender la calidad de nuestros vínculos: “No hay amor más grande que éste de dar la vida por un amigo”.

 

Amigo es a-mico, que significa no-hongo, no-putrefacción, sino claridad, siempre buena onda. Si no hay siempre buena onda, toda relación se pudre. Tan sensibles somos ahora.

 

Sustituir los celos por la alegría, la posesión por la libertad, la exclusividad por el compartir, la agresión por el respeto irrestricto al otro. Difícil pero no imposible.

 

Esta sociedad, signada por la teoría de “la media naranja”, donde intentamos completarnos con el otro “sin vos me muero”, está llegando a su fin, porque sabemos que somos seres íntegros, cada uno de nosotros. La integridad es un proceso estrictamente individual. No dependemos de ningún otro para concretarlo. Solamente a partir de una cuota mínima de integridad individual podremos generar relaciones amorosas de alta calidad con todo lo que existe.

 

Con los mejores deseos de felicidad para todas las amigas y los amigos de esta hermosa Tierra.