El enoorme poder de la otra mejilla

 

Ghandi lo llamaba Sathya Graha. El poder de la Verdad. Le sirvió para liberar a la India del yugo del Imperio Británico.

 

Cuando Jesucristo estuvo preparado, es decir cuando había conectado en plena consciencia el poder del Alma (su Segundo Motor), resultado del Segundo Nacimiento (en vida), se sometió a la prueba. Fue traicionado vilmente por uno de los suyos, vilipendiado, acusado falsamente, juzgado, condenado a muerte, azotado, clavado a la cruz y crucificado hasta morir. Y estaba tan preparado, que no sólo no sufrió dolor físico alguno (contrariamente a lo que dice Mel Gibson en su último film sobre el tema), sino que al tercer día resucitó y dijo a sus discípulos “Haréis cosas más grandes que las que Yo hice”. Hay una revelación de la ciencia que nos permite comprender el significado de la palabra sacrificio: sacro – oficio, hacer lo sagrado, hacer aquello para lo que estamos diseñados, cuando estamos preparados. Sin dolor y sin esfuerzo. Cuando estamos conectados con el Alma, el sistema endocrino segrega endorfinas, la hormona de la felicidad, cuyo efecto es mucho más potente que los de la cocaína y la morfina. Juntas. Y gratis… El verdadero poder es espiritual e inmanente.

 

Cuando los líderes políticos sean también líderes espirituales y gobiernen respetando el principio del mayor bien para el mayor número de personas, con inclusividad y con inofensividad, más conectados con el amor que con el miedo o el odio, como algunos pocos en el planeta están comenzando a hacerlo, conoceremos el verdadero significado de la promesa de Vida Plena y Abundante que se nos hiciera hace ya dos milenios. Pero primero tenemos que “dar de comer al hambriento y de beber al sediento”. Es necesario cuidar a todos los seres humanos que integran la Humanidad, porque en cada uno de ellos reside el inconmensurable poder espiritual. Hay que crear las condiciones para que nuestros niños florezcan en bondad, y manifiesten en la vida cotidiana todo el amor, la inteligencia y el poder que los constituye y que reside en ellos desde el nacimiento hasta lo que llamamos muerte. La verdadera riqueza, la materia prima esencial de la nueva civilización, está constituida por cada uno de nosotros. Hemos sido diseñados como individuos íntegros, pero aún estamos  viviendo como dioses dormidos. Hasta que despertemos y ayudemos a despertar a otros.