IFIGENIA

 

Hija de Agamenón y Clitemnestra, fue sacrificada por su padre para posibilitar la partida hacia Troya de la flota griega, detenida por la falta de vientos propicios.  Lo hizo atendiendo a la interpretación oracular de Calcante, un sacerdote (presunto intérprete) de Artemisa, la diosa que tenía el poder de restituir las condiciones climáticas adecuadas para ir a la guerra. Según la versión del mito contenida en la estupenda película de Michael Cacoyannis  (1977), que fuera nominada al Oscar, Ifigenia (que significa poderosa) se entrega voluntariamente con el fin de salvar el honor de la patria, dando comienzo a la épica guerrera que describe Homero en La Ilíada y la Odisea.

 

Alice Bailey nos revela que el Cuarto Reino de la Naturaleza, el Humano, está regido por el Cuarto Rayo, cuya cualidad es “Armonía, Belleza y Arte, aprendidos a través del conflicto”

 

¿Qué fuerza poderosa impele a los humanos a la guerra, aunque tengamos para ello que sacrificar a nuestros hijos? ¿Por qué llegamos al paroxismo del siglo XX, donde hemos sacrificado no menos de 10 millones de hijos en 251 guerras, el más nefasto record en la historia, sin contar las víctimas de las guerras financieras? ¿No se percibe un hastío del conflicto?

 

Freud y Einstein se hicieron estas preguntas. También Arnaldo Rascovsky, en “El Filicidio”.

 

Albert Einstein le escribía a Sigmund Freud lo siguiente en 1932:

...

“¿Cómo es posible que una pequeña camarilla someta al servicio de sus ambiciones la voluntad de la mayoría, para la cual el estado de guerra representa pérdidas y sufrimientos? ...  Una respuesta evidente a esta pregunta parecería ser que la minoría, la clase dominante hoy, tiene bajo su influencia a las escuelas y a la prensa, y por lo general también la Iglesia. Esto les permite organizar y gobernar las emociones de las masas, y convertirlas en su instrumento... pero, ¿cómo es que estos procedimientos logran despertar en los hombres tan salvaje entusiasmo, hasta llevarlos a sacrificar su vida? ... Aquí radica ... un enigma que el experto en el conocimiento de las pulsiones humanas puede resolver. ... ¿Es posible controlar la evolución mental del hombre para ponerlo a salvo de la psicosis del odio y la destructividad?...”

 

La respuesta de Freud no es menos pertinente que las preguntas del sabio.

 

“...querría demorarme todavía un instante en nuestra pulsión de destrucción, en modo alguno apreciada en toda su significatividad. Pues bien; con algún gasto de especulación hemos arribado a la conclusión de que ella trabaja dentro de todo ser vivo y se afana en producir sus descomposición, en reconducir la vida al estado de materia inanimada. Merecería con toda seriedad el nombre de una pulsión de muerte, mientras que las pulsiones eróticas representan los afanes de la vida.

...Desde nuestra doctrina mitológica de las pulsiones hallamos fácilmente una fórmula sobre las vías indirectas para combatir la guerra. Si la aquiescencia a la guerra es un desborde de la pulsión de destrucción, lo natural será apelar a su contraria, el Eros. Todo cuanto establezca ligazones de sentimientos entre los hombres no podrá menos que ejercer un efecto contrario a la guerra ... vínculos como los que se tienen con un objeto de amor, aunque sin metas sexuales. El psicoanálisis no tiene motivo para avergonzarse para hablar aquí de amor, pues la religión dice lo propio: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”...

... debería  ponerse mayor cuidado que hasta ahora en la educación de un estamento superior de hombres de pensamiento autónomo, que no puedan ser amedrentados y luchen por la verdad...

...todo lo que promueva el desarrollo de la cultura trabaja también contra la guerra.”

 

La miseria espiritual, la ignorancia y el miedo son las causas esenciales del conflicto entre los hombres, y el fin del conflicto es concebible por medio de la conexión con el amor, la sabiduría y el poder propios, subyacentes en cada hombre y en cada mujer. Como puntualizara Freud, la clave de la solución es la educación correcta. Del libro “El Nacimiento de una Nueva Civilización”.

 

Lucharemos, hasta que aprendamos a amarnos…

 

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