La macabra danza de los destructores

 

y la incansable labor de los constructores

 

En el grandioso Jardín que es la Tierra, son cada vez más visibles y potentes los yuyos, y las plantas también. Se aproxima el tiempo de la cosecha, en los que la paja será separada del trigo.

En Venezuela, en el Vaticano, en Europa, en los Estados Unidos de Norteamérica, en la Argentina, en las Malvinas, en la economía, en la política, en las empresas, en las familias, en cada uno de nosotros, se perciben con mayor claridad los terribles rostros enmascarados de los odiadores y los semblantes radiantes de los que han sido abrazados por la alegría en sus conciencias.

Los violentos guerreros, los narcotraficantes y los perversos acumuladores de poder y de dinero manifiestan sus miserias por doquier, con indisimulables desparramos de odio y de miedo que salen a la luz pública multiplicadas por los medios masivos de comunicación.

Los constructores observan, celebran y redoblan su trabajo creador, tratando de sustituir el poderoso miasma planetario por relámpagos de luz y de amor que funcionan como bálsamos para los desheredados y hambrientos del mundo.

Leemos en la introducción del libro “El MAL. Cósmico. Planetario. Individual”

“En segundo término, pero no menos importante, el intento de atribución de todos los males al otro, o a algunos otros, que reciben de uno o de algunos, la carga de la culpa, por lo cual deben ser separados, exterminados, fumigados, empalados, torturados, arrojados vivos desde aviones al mar, crucificados, penetrados, violados, despojados, abandonados, golpeados y/o quemados vivos. Causa de todas las guerras entre individuos y naciones, por el mecanismo que la psicología actual denomina proyección. Definida con la popular frase que originó un filme recordable: “La culpa la tuvo el otro”. Este criterio de separatividad entre los seres humanos culmina con la tragedia reciente en la que el “Pueblo Elegido por Dios” fue casi exterminado en los campos de concentración operados por integrantes de “La Raza Elegida”. Enorme pelotudez histórica. Pareciera que aún no hemos comprendido el significado del lema Libertad, Igualdad, Fraternidad, a pesar de que fuera generado alrededor de 1780 por los autores de la Revolución Francesa. Seguimos buscando enemigos afuera.”

El único mal radica en no aprender a amar, en evitar denodadamente transformarnos en canales vivientes para las energías de nuestra propia alma. En las potentes palabras de Ted Murray: “La vida toda es sobre compartir. ¿Quién eres tú y cuáles son los dones con los que has sido bendecido y que has desarrollado a lo largo de tu vida? ¿Qué es aquello que te sientes llamado a compartir con el mundo? Cada persona tiene algo único y valioso que contribuir, para la evolución de la conciencia del planeta. Pero la mayoría es totalmente inconsciente de esto, y ha dejado que sus dones sean sofocados, por los diversos medios que el mundo y la sociedad tienen, de mantener a la gente pensando que son impotentes y ordinarios, en vez de seres universales únicos e increíblemente poderosos.

Aceptar el hecho de que eres un ser ilimitado capaz de conectarse constantemente con la fuente de toda energía, crea un sentimiento de responsabilidad por el bienestar de los demás. Cuando tu sabes que todos estamos conectados energéticamente y que por lo tanto todos somos uno, entonces sientes el deseo de ayudar a cada ser del planeta. ¿Cómo puedes ayudarlos mejor? Comienza por amarte a ti mismo, y centrarte en tus dones y talentos, y no en tus debilidades. Cuando te amas a ti mismo, a continuación, compartes ese amor con los demás. La mejor manera de compartir ese amor, es compartir tus dones de manera abierta y auténtica con el mayor número de personas posible. Confía en tu guía interior. Simplemente compártelos constantemente sin preocuparte de cómo son recibidos o de lo que la gente piense de ti. Se un donante sin ninguna expectativa de recompensa. De este modo, serás recompensado con una vida de abundancia, más allá de tus más descabellados sueños.”

En particular, hay un individuo castigado muchas veces por el destrato y por el maltrato, que espera pacientemente la atención de la que cada vez más se considera merecedor, por el largo periplo en este Valle de Lágrimas, y por el asombroso espectáculo de la Guerra entre la Luz y las sombras que vemos afuera cotidianamente. Uno hace rato que vislumbra la posibilidad de que Uno Mismo  ejerza las actitudes de reconocimiento y reorientación para alcanzar alguna cuota de plenitud y de felicidad. ¿Cuánto hace que se nos secó el corazón? ¿Cuántas ocasiones se nos han presentado para manifestar el Amor, y nos hemos apartado? ¿Cuántas veces hemos querido decir que sí, y nos hemos negado? ¿Cuántas veces hemos sentido repulsión, y hemos asentido? ¿Cuántas veces nos hemos traicionado? ¿Cuántas veces se nos “salió la cadena” de la reacción intolerante? ¿Cuántas otras hemos sepultado las incipientes endorfinas en torrentes de adrenalina? ¿Cuántas veces hemos perdido la armonía y la alegría de vivir para dejarnos arrastrar por el miedo y el desánimo?

En estos tiempos turbulentos, recomendamos la lectura del libro “Visión” de Ken Carey, especialmente su capítulo VII: Mensaje personal del Jardinero que regresa al Jardín.

En las palabras finales de la Gran Invocación:

“Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra”

Universidad Nacional del Alma

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