La primera polaridad de la resurrección

Libertad – esclavitud/dependencia

La trascendencia: fin de la esclavitud del dinero y del trabajo

 

La primera polaridad del famoso tríptico inmortalizado por la Revolución Francesa (Libertad, igualdad, fraternidad… o muerte), produjo durante un tiempo la desafilación reiterada de la hoja de la guillotina.

 

Sin embargo, la resurrección es la nota clave de la vida. No la muerte. Eso sí, luego de una serie notable de reencarnaciones de aprendizaje.

 

La muerte es una ley de la vida diseñada para impedir la perpetuación de las formas que ya no sirven. Sea un cuerpo biológico, una pareja, una empresa, una nación, una civilización. Cuando esa forma no puede ya manifestar el amor, muere. Naturalmente, sin guillotina. Para que resulte posible otro nuevo ensayo que conduzca hacia la perfección de las formas manifestadas.

 

Porque en realidad somos inmortales que aprenderemos, lentamente, a ser felices estando encarnados. Para eso fue diseñado este fabuloso planeta azul.

 

Las personas que actualmente están deprimidas, sometidas, distraídas, apáticas, enojadas, miedosas o infelices, lograrán, en el transcurso de las vidas, estados cada vez menos miserables.

 

Los modos de abreviar estos desarrollos han sido revelados por los Grandes Maestros de la humanidad hace milenios, pero como "los seguidores son los destructores", hemos generado en cambio una cultura y civilización tan profundamente materialistas que los conceptos esenciales de divinidad y de inmortalidad de todo ser humano continúan siendo ocultados por los responsables de guiar a los hombres en su camino espiritual. Ni las iglesias ni las academias reconocen (y mucho menos enseñan) la importancia teórica del acceso individual a la felicidad por medio de la trascendencia del temor a la muerte.

 

Si usted todavía está tomado por estados de animo tan indignos de un individuo, sepa que tiene la libertad y la posibilidad concreta de cambiar de instructores, cambiar de canal, cambiar de diario, cambiar de relaciones, de manera que su experiencia cotidiana se acerque un poquito más a la dignidad excelsa del diseño humano. El secreto más importante en este asunto consiste en asumir la responsabilidad por la propia vida, lo que implica asumir la libertad y el poder inmanentes, para dejar de echarle la culpa al otro de la propia infelicidad. Porque si le echo la culpa, hasta que ese otro no cambie, voy a continuar siendo infeliz. Es decir, el otro tiene el poder sobre mi vida y mi felicidad. Pero el diseño no es así. El verdadero diseño humano es de libertad y de integridad individual.

 

Pronto la humanidad será liberada de dos esclavitudes milenarias: la del dinero y la del trabajo. ¿Cómo? La experiencia argentina y la crisis financiera del 2008 en adelante han demostrado que el dinero es hoy un símbolo de valor intrínseco nulo, pero tan importante para una nación como la sangre para el cuerpo. Si la sangre no llega abundante hasta la última célula, el cuerpo enferma y muere, como ocurriera en 2001 con la muerte de un orden social inservible para la gente. Y su posterior reencarnación en un nuevo cuerpo social apto para todos. Incluso para los viejitos asesinos que se duermen mientras son juzgados por apropiación ilícita de bebés.

 

Podríamos acelerar este proceso de muerte social que está teniendo lugar tanto en Grecia como en Europa y EE. UU., alquilándoles a los griegos, a cambio de una de las tantas islas deshabitadas del Mar Egeo, al trío destructor más eficiente del Planeta: De la Rúa, Cavallo y Redrado. Con la participación de Mariano Grondona, Lilita y Lanata, la eficacia aumentaría, pero sería otro precio. Ni qué hablar con el aporte de Beatriz Sarlo, conduciendo un programa en la TV de Atenas que podría denominarse “Conmigo No, Papadopoulos”.

 

 La liberación del trabajo esclavo sobrevendrá cuando las personas arriben a  la convicción del nuevo paradigma: “Busca el camino de regreso, y TODO LO DEMÁS te será dado por añadidura”.

 

Si fuera cierto que el libre albedrío, su teoría y su práctica, constituyen la clave del desarrollo espiritual del hombre, esto significa que el peor pecado que se puede cometer es el de acidia, que consiste en saber lo que es bueno, bello y verdadero, y no hacerlo. Y lo que es peor (por miedo, esclavitud, dependencia, ignorancia o estupidez), obligarnos a hacer algo que no nos gusta. Siempre sabemos lo que es bueno. Pero estamos habituados a traicionarnos. Y siempre sabemos lo que es bueno porque nuestra Alma lo sabe. Y además sucede que nuestra Alma es el Maestro Interno. Hasta la Tercera Iniciación. Con lo cual resulta que el estupendo diseño de cada ser humano es para no reconocer a ninguna otra autoridad más que la de la propia Alma. Con lo cual se irían a la porra una gran cantidad de esclavitudes y sumisiones vigentes en la actualidad. Sin necesidad de emplear guillotinas ni picana eléctrica ni fósforos ni alcohol. Con tanta naturalidad, serenidad y belleza como una flor que se abre al Sol.

 

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