MATRIMONIO

 

El matrimonio es una institución religiosa (llamada sacramento en la Iglesia Católica), que ha tenido reconocimiento en las costumbres y en las leyes del derecho civil occidental, hasta producir una mezcla, y la consiguiente confusión en los conceptos y en las mentes de nuestros atribulados diputados y senadores, juramentados para representar al pueblo de la Nación Argentina que los ha elegido para legislar correctamente. 

Es necesario aclarar tres ideas básicas.

1)      El sacramento religioso que llamamos matrimonio ha involucionado hasta convertirse en el fracaso más grande en Occidente, por causa de la Iglesia, como hemos visto*. El 70% de las parejas que asumen este compromiso se separan, y el 30% restante continúan conviviendo en penosos “infiernos portátiles”. Por ello, hoy pocos se casan, los que están adentro quieren salir, y un@s cuant@s  bob@s quieren entrar… todavía.

2)    El poder religioso, el poder civil y el  militar era ejercido por una sola persona… en los tiempos de Julio César (el Emperador era designado directamente por los dioses del Olimpo). Luego cayó la civilización grecorromana, y en la civilización Occidental, hacia el año 1500, Nicolás Copérnico generó la división entre el poder eclesiástico y el poder civil, que dura hasta nuestros días, con zonas grises para algun@s.

3)    La familia es la base de cualquier sociedad humana. La experiencia evolutiva determina que el amor es la energía que une a los individuos con mayor duración y con mejores posibilidades de trascendencia humana. El amor es una cualidad esencial de toda alma humana, y su manifestación no está (ni estuvo nunca) promovida con éxito por las normas de las instituciones eclesiásticas, como ha sido demostrado claramente por la “Santa Inquisición”, por los curas pedófilos y las “guerras de Dios” de todas las épocas.

La República Argentina es una Nación soberana normativamente organizada por la Constitución, en la que el poder eclesiástico no tiene atribuciones legislativas. Los legisladores deben respetar el decadente sacramento llamado matrimonio, y establecer creativamente normas adecuadas para afianzar el funcionamiento toda familia humana amorosa, al que deberíamos dejar de llamar MATRIMONIO. Digo, para no quedar pegados al fracaso…

Pronto revisaremos PATRIMONIO, otra palabreja en avanzado estado  de descomposición. 

*ver el libro “LAS RELACIONES HUMANAS” o “EL AMOR HUMANO EN EL TERCER MILENIO”