OCTUBRE

En griego se escribe Πυανεψιων (Pianepsión), que es el cuarto mes ateniense del año, (mitad en octubre y mitad en noviembre), significa “comida hecha de habas”, y se celebraban las fiestas atenienses en conmemoración a la victoria de Teseo sobre el Minotauro, luego de lo cual el héroe celebró comiendo un potaje de habas.

El Minotauro era un monstruo mitad superior toro, mitad inferior hombre, producto de los amores irreflexivos entre Pásifae (Reina de Creta, esposa de Minos), y el Toro Blanco, manifestación del Poder del Alma que Poseidón entregara a Minos para obtener el reinado. La condición era que devolviera o sacrificara al Toro Blanco luego de cumplido el objetivo. Pero la codicia le impidió a Minos cumplir la condición impuesta, y sacrificó en cambio al mejor toro de sus manadas. Esta codicia desencadenó la concupiscencia, y Pásifae se enamoró locamente del Toro Blanco. Le pidió a Dédalo que le fabricara un disfraz de vaca para consumar su insensato deseo. La perfección creativa de Dédalo operó estupendamente, y de esa unión nació el Minotauro. El monstruo fue encerrado en el Laberinto de Creta, y se alimentaba cada año con las doce mejores doncellas y los doce mejores jóvenes de Atenas. Se los comía después de satisfacer sus peores necesidades sexuales.  

Ariadna (una hija más normal de Minos y Pásifae) habló con Dédalo y consiguió el secreto para entrar y salir del Laberinto. Su novio Teseo terminó la historia del Minotauro, y luego para festejar y dar el ejemplo de lo que hay que comerse, se comió un inofensivo plato de habas, que son afrodisíacas pero no tanto… 

Octubre reúne las energías de Libra y de Escorpio, cuyos regentes son Venus/Afrodita y Hades/Plutón, respectivamente. Simbólicamente, Libra regido por Venus al igual que Tauro, representa el equilibrio, la sensibilidad, la pareja, el placer y también, todos sus desbordes. Escorpio, regido por Plutón representa el poder espiritual oculto (poder, sexo, dinero y muerte). Estas fuerzas son muy poderosas, no pueden ser usadas en exceso ni reprimidas sin consecuencias nefastas, y del canal que generemos para manifestarlas depende nuestra felicidad o el desastre. Cualquier vinculación teórica que el lector pudiera hacer entre el mito y las actuales realidades grassianas-tinéllicas-berlusconianas, es completamente válida.

Culmina la historia majestuosamente, con la venganza de Minos, quien al enterarse encierra a Dédalo y a su hijo Ícaro en el laberinto. El tecnólogo cretense fabrica dos pares de alas que pega con cera a los brazos y hombros de ambos, y salen volando sustentándose en el aire (la mente). Dédalo le había advertido a su hijo que no volara demasiado alto porque el Sol (la energía espiritual) derretiría la cera y podía morir ahogado, ni demasiado bajo para no ser alcanzado por las olas (las emociones instintuales). Con el nuevo poder, lo primero que hace Ícaro es “volarse” hacia el Sol, y muere ahogado al despegársele las alas… Hay gente que se “vuela”, y hay gente que se ahoga. Hace falta una cuota de inteligencia para funcionar con equilibrio y alegría en estos asuntos tan importantes.

En fin, en todas partes se cuecen habas.

¿Y por casa cómo andamos?

Esta primavera viene fuerte…