La Ponerología al descubierto

El término que origina la palabreja del título (del griego ponerós), significa, literalmente, “el estudio y la aplicación práctica del MAL”, según el enfoque de Andrzej Łobaczewski.

Con asombro observamos hoy en la tele los testimonios de los individuos que relatan la sumisión a un régimen estatal maligno. Si bien en los juicios que se desarrollan por los delitos de genocidio y de lesa humanidad estas afirmaciones han determinado condenas ejemplares, la visión masiva de los testimonios es realmente escalofriante, acentuada por la lectura de los documentos originales y Actas de la dictadura que han sido encontrados y que serán publicados, en coincidencia con las revelaciones de Assange y Snowden, que permiten reconocer a la ponerología como una práctica habitual de la Plutocracia Global. Estas prácticas hediondas y horrendas, otrora secretas u ocultas, hoy pueden reconocerse como una manifestación sempiterna de los Hermanos de la Oscuridad. Realmente es una época en la que los soretes flotan, para que cualquiera pueda reconocerlos y eventualmente comérselos, si uno es aficionado a la coprofagia, o vivir la repulsión visceral que nos conducirá, por medio de la elección correcta, a experiencias más sublimes como el amor, la pasión y la alegría de vivir.

Estas experiencias nos permiten vislumbrar el verdadero significado de la última estrofa de la Gran Invocación, como estupenda tarea asignada a la humanidad actual:

Desde el Centro que llamamos la Raza de los Hombres,

Que se realice el Plan de Luz y de Amor, y selle la puerta donde se halla el Mal”

 

Es adecuado preguntarse dónde se encuentra la puerta mencionada. Uno de los indicios más elocuentes está dado por la frase que nos indica que “El peor veneno es la irritabildad”. ¿Con qué me conecto con mayor frecuencia? ¿Miedo, bronca, o con la alegría? ¿Cuántas veces se me sale la cadena por día? En este punto es importante indicar que esos estados del ser son consecuencia de las elecciones que hacemos miles de veces por semana. Porque las fuentes de miedo y de bronca son internas y preexistentes. La Bella y la Bestia están dentro de cada individuo desde el nacimiento hasta la muerte. Reconocer la integridad del diseño de todos y cada uno de los seres humanos implica también una difícil tarea: asumir la responsabilidad por la propia vida. Nada ni nadie en el Universo me puede enojar, si yo no elijo enojarme. Porque si no fuera así, estoy delegando el poder para vivir feliz en el otro, o en una organización externa, culpable de mi odio (que entonces debe ser aniquilada). La condición humana del libre albedrío nos posibilita elegir. Asumir la libertad y el poder inmanentes es la característica del diseño que nos posibilita ser felices más rápido, y sellar la puerta donde se halla el Mal, que es el propio corazón. Si dejamos entrar el odio o el miedo, no puede haber amor. En cambio si está henchido de amor, es imposible que entre el odio. Y esta elección es individual e indelegable. Por eso lucharemos, hasta que aprendamos a amarnos.

 

En las últimas décadas, Europa ha involucionado desde un conjunto de Estados Benefactores, a una desastrosa diáspora de estados malefactores, provocada por los mismos actores que llevaron a la muerte civil a Argentina. Nuestro país ha evolucionado desde un estado malefactor genocida, a integrar un conjunto de naciones autónomas benefactoras, en las que se privilegian las personas y los derechos humanos por sobre el hambre, la desesperanza y el abandono de los desamparados. Estados Unidos y China viven procesos de signos opuestos pero de similares características. Los pueblos del mundo sabrán, por experiencia propia, que el paradigma de todo político será el de trabajar por el mayor bien para el mayor número de personas y no para las minorías dominantes que buscan eternizar sus privilegios a pesar del malestar de la humanidad toda. Porque lo más valioso del proceso evolutivo es un ser humano despierto y feliz. Y ese potencial reside en cada individuo. El reconocimiento de la divinidad humana se aproxima como esencial paradigma educativo y político. Así de simple, pero es un proceso para nada fácil por el enorme poder maligno de los guerreros, de las finanzas buitre y de los narcotraficantes. Ocurre que ese poder, otrora secreto y oculto, comienza a mostrar su rostro repugnante, y el común de la gente empieza a despertar del engaño y la mentira, de los disfraces que siempre han sido empleados para sostener las esclavitudes, las guerras y las miserias de los pueblos.

 

Estamos presenciando la salida a la luz de la punta de un iceberg que los textos de la metafísica moderna denominan La Gran Ilusión, constituida por la suma de las iniquidades, maldades, traiciones, asesinatos, guerras y combates que los hombres hemos desarrollado a lo largo de eones. Cuando la oscuridad y el hedor son insoportables, siempre sin embargo, han aparecido luminosos destructores de esa Gran Ilusión, como lo fueron Buda, Cristo y Einstein, quienes nos han instruido estupendamente sobre las Realidades supremas de la Luz, el Amor y el Poder imbuidos en cada unidad humana. Hoy se manifiesta la continuación de la guerra en el plano mental entre las fuerzas de la luz y las de la oscuridad. Todas estas revelaciones del espantoso materialismo plutócrata contribuyen a destruir ese miasma planetario, que intenta sobrevivir desesperadamente, pero con cada vez menos anclajes en la conciencia humana.

 

La guerra ancestral tiene un límite previsto en el libro del Apocalipsis (que significa revelación). Este fin de los tiempos implica el triunfo de las fuerzas de la Luz y la derrota de las fuerzas del materialismo. Que se producirá cuando elijamos el amor, y aprendamos a generar y sostener relaciones humanas de alta calidad. Cuando todos los hombres amen.

 

¿Cómo andamos con la producción individual cotidiana de endorfinas?

 

Universidad Nacional del Alma

http://www.sidereh.com.ar/UNA/ARTICULOS%20BLOG.htm