Reorientación, renacimiento, reencarnación, resurrección

 

Son los nombres de los hitos del Proceso Evolutivo por medio de los cuales se verifica el paulatino perfeccionamiento de las individualidades humanas que conocemos con las denominaciones de hombres, naciones y civilizaciones.

 

Individuo significa indiviso, íntegro. Toda individualidad es completa desde el nacimiento hasta la muerte. Toda individualidad está compuesta por una chispa divina (mónada), cuyo vehículo de percepción y manifestación es el alma, que encarna en una forma periódica (transitoria o mortal) de diseño también divino, que evoluciona hasta la perfección por medio de sucesivas reencarnaciones, para la más bella manifestación del espíritu en lo más denso de la materia.

 

Por ejemplo, la forma social de la nación que conocemos con el nombre de República Argentina murió en 2001 con el famoso “default” (el país no podía pagar sus deudas), presagiando la muerte de una forma inservible (la Civilización Occidental Globalizada cuyo cuerpo social está integrado por un 50% de excluidos del sistema económico y un 49% de esclavos de un consumismo inhumano). El alma de Argentina ya reencarnó en un nuevo cuerpo social, embrión de una nueva civilización más inclusiva, apta para niños y para viejos, cercana al ideal de “dar de comer al hambriento y de beber al sediento” como etapa inicial.

 

El primer paso evolutivo ocurre cuando la forma reconoce el diseño, y se reorienta hasta constituir una individualidad autónoma (autoconsciente y autogobernada, que no depende de nada ni de nadie afuera, porque el maestro es la propia Alma Individual), que además es feliz. Este proceso inicial de individualización fue dado a conocer por el Buda en sus Cuatro Nobles Verdades, luego de experimentarlo en su propia vida. La práctica correcta conduce a la felicidad, aquí en el maravilloso Planeta Azul, y ahora en esta estupenda encarnación, siempre que uno acepte esta hipótesis del diseño humano.

 

El renacimiento ocurre en una vida, cuando el alma y la personalidad (o forma) se unen en consciencia en el Matrimonio Interno. Dióniso (el nacido dos veces), era un mago blanco en la Mitología Griega. Jesucristo fue el Mago Blanco que podía transformar el agua en vino, multiplicar los panes y los peces, curar a los enfermos y resucitar a los muertos, en nuestra cultura.

 

La resurrección es la culminación de la rueda de reencarnaciones, donde el conocimiento de las leyes del espíritu y la materia es tan completo, que el individuo puede dar forma a un cuerpo perfecto e inmortal de luz. Es lo que el Cristo logró, ayudado por el Maestro Jesús. Y nos dejó el mensaje más sublime: “Haréis cosas más grandes que las que Yo hice”.

 

Tenemos motivos más que suficientes para celebrar con alegría esta nueva Pascua de Resurrección Argentina 2011.

 

www.sidereh.com.ar /Universidad Nacional del Alma